LECTOESCRITURA MUSICAL: ¿ES POSIBLE EN LA ESCUELA PRIMARIA?

¿Enseñamos o no a leer música en la escolaridad general? En caso de hacerlo, ¿es un fin en sí mismo? ¿Es un medio? El tema despierta discusiones y opiniones divididas.

Por María Fernanda García Thieme

La lectura musical permite, entre otras cosas, conocer más músicas, “guardar” ideas musicales que podrían ser elaboradas más adelante, alcanzar mayor justeza en la ejecución, plasmar en un plano simbólico aquello que se ha escuchado.

La capacidad de leer música requiere el manejo de un sistema simbólico que representa las alturas, duraciones, intensidades y, en consecuencia, ritmos, melodías, armonías, formas, texturas de diferentes obras musicales.

El abordaje de la lectura musical requiere previamente gran cantidad de experiencias exploratorias, de manipulación de los atributos del sonido. Hacer música, vivir la música, es la primera forma de acercarse a ella. Esto en la escuela es fundamental, se trata del tipo de experiencias musicales que servirán de base para todo el crecimiento musical que vendrá después. Paulatinamente, es importante abordar las primeras conceptualizaciones, que no se plasmarán aún simbólicamente. Reconocer, después de la vivencia, sonidos graves, agudos, ascensos y descensos melódicos, el tempo o pulso, el acento, los ritmos, es importante. Considero que cuando las etapas de vivencia musical y conceptualización se cumplieron ampliamente es posible iniciar la enseñanza de la lectura musical. Nunca desvinculada del hacer musical, sino que integrada con él. Si las primeras etapas se realizaron exitosamente, la lectura musical no debería despertar demasiadas dificultades.

El problema, que con seguridad se planteará el lector, es si se puede llegar a esta etapa dentro del marco de la escuela primaria. Aquí, el panorama es variado. Existen escuelas en las que las condiciones para la enseñanza musical garantizan la continuidad de las clases, los materiales son apropiados, las condiciones edilicias también. Y en otras, hay clases de música en un ciclo pero no en otro, se trabaja en patios abiertos o en lugares muy inadecuados. En fin, las situaciones en las que se enseña música en nuestro país son muy diversas. Teniendo en cuenta estas realidades es que creo que es fundamental que los profesores garanticemos esas experiencias de exploración, manipulación y vivencia musical que constituyen la primera etapa. Aún con pocos medios, son posibles. Pero si hemos logrado cumplirlas y las condiciones son favorables ¿Por qué no continuar? La entrada en la notación simbólica nos permitirá acceder a más posibilidades musicales.

Probablemente muchos recordemos clases de música en la escuela primaria en las que la lectura musical era un fin en sí mismo y tenían poca vinculación con la práctica musical en el aula. Para los alumnos resultaban tediosas y, con seguridad, inútiles. La notación simbólica que aprendían no representaba entidades musicales vividas por ellos.

Tal vez estas experiencias hayan generado una gran resistencia en muchos educadores hacia la enseñanza de la notación simbólica. En mi opinión, aquella forma de enseñanza era errada. Pero trabajado desde la música, los símbolos comienzan a significar ritmos, melodías, etc. Por eso no creo en las opiniones taxativas del tipo “no enseñar lectura musical” o “sí hacerlo”, sino que me parece de suma importancia enseñar música desde la música. En aquellos casos en los que las condiciones lo permiten, creo que es muy interesante no perder la oportunidad de empezar a leer música[1]

Dejando así planteadas estas convicciones, en los próximos apartados veremos algunas nociones elementales para la lectoescritura rítmica y melódica y algunas ideas para su trabajo en el aula.

Principios básicos para la notación musical

Recordaremos muy brevemente en este apartado algunos símbolos utilizados para la lectoescritura musical. Nos centraremos en la notación rítmica y melódica.

Notación rítmica:

Veremos sintéticamente la manera en que se cifran los compases y las figuras que simbolizan la duración del sonido:

Se llama ritmo a las “relaciones de duración entre los sonidos constituyentes de un motivo o pensamiento musical”[2]. En la mayoría de las músicas escuchamos una pulsación subyacente al ritmo musical que denominamos pulso. Asimismo, encontramos que, generalmente, cada una sucesión de dos o tres pulsos, percibimos un acento o apoyo, que da lugar a la métrica. Encontramos, en general, músicas de dos, tres o cuatro tiempos, según escuchemos los apoyos cada dos, tres o cuatro pulsos. Esos pulsos a su vez pueden subdividirse de forma binaria (compases simples) o ternaria (compuestos). Al leer o escribir música, el tipo de compás se determina por dos cifras que se colocan al inicio de la pieza musical. El numerador indicará la cantidad de pulsos que se escuchan en cada compás o, dicho de otra forma, cada cuantos pulsos se encontrarán los acentos.

Las figuras musicales (redonda, blanca, negra, corchea, semicorchea, fusa y semifusa) indican la duración de cada sonido. Existen también, para cada figura un signo que indica un silencio de duración igual a la figura que le corresponde. Las figuras tienen valores proporcionales entre sí. De esta manera la redonda tendrá una duración que será el doble de la negra y esta de la corchea y esta de la semicorchea y así sucesivamente.

Cualquier figura puede constituirse en unidad de pulso, es decir será la que tenga la duración equivalente a un pulso en la música que se vaya a interpretar. En relación a esta figura, se considerarán los valores de las otras, teniendo en cuenta su proporcionalidad. Se determina la figura que será unidad de pulso por medio del denominador de las dos cifras que se colocan para indicar el tipo de compás. La redonda equivale al número 1, la blanca al 2, la negra al 4, la corchea al 8, la semicorchea al 16, la fusa al 32 y la semifusa al 64.

Algunos ejemplos para aclarar: Un compás de 2/ 4 indica que se escucharán acentos cada dos pulsos y que la figura que durará un pulso será la negra, la corchea durará dos, la redonda cuatro, etc. Un compás de 2/2 también llevará dos pulsos por compás pero la unidad de pulso será la blanca, que durará un tiempo, la redonda dos y la negra la mitad del pulso. Un compás de 4 / 8 indica que de cada cuatro pulsos, el primero será el acento o apoyo, y la unidad será la corchea que durará un tiempo, mientras que la negra dos, la blanca cuatro etc. Todos estos ejemplos se refirieron a compases simples, es decir, de subdivisión binaria. Los compases de subdivisión ternaria (es decir, que cada pulso es pasible de subdividirse en tres) se indican a través del numerador, que generalmente son 6, 9 o 12 indicando la cantidad de subdivisiones que se encuentran en cada compás. En compases compuestos de dos pulsos se escucharán seis subdivisiones (dos por cada pulso), en los de tres  se escucharán nueve, (tres por cada pulso) y en los de cuatro, doce. Algunos ejemplos: Un compás de 9/8 indica que cada tres pulsos se escucha un apoyo, que estos pulsos se subdividen en tres y que la unidad de subdivisión será la corchea. Un compás de 6/ 4 indica que se escucharán apoyos cada dos pulsos de subdivisión ternaria y que la unidad de subdivisión será la negra.

Notación melódica:

Las melodías se escriben en el pentagrama, que consta de cinco líneas y cuatro espacios que se cuentan de abajo hacia arriba. Al inicio de la pieza musical se coloca la clave, que es un signo que nos indicará la ubicación de las notas. Así la clave de fa en cuarta línea indica que la nota fa se escribe en la cuarta línea del pentagrama, y, en relación a esta, se ubicarán las otras notas. La clave de sol indica que la nota sol se escribe en la segunda línea del pentagrama. De esta manera se pueden ubicar sonidos más graves o más agudos según el instrumento para el cual se escriba.

Todos estos conocimientos han sido expuestos de manera muy sintética. Pueden ampliarse consultando bibliografía específica.

Veremos a continuación algunas propuestas para la enseñanza de la escritura rítmica y melódica.

Actividades

ESCRITURA RÍTMICA (compases simples){C}[3]{C}

· Mientras un grupo de alumnos ejecuta una pulsación con percusión corporal o instrumental, realizar ecos o juegos rítmicos utilizando sonidos iguales al pulso, más largos, o iguales a la subdivisión binaria del mismo.  

· Presentar algunos de los símbolos que representan los valores trabajados en compases de 2, 3 o 4 pulsos con denominador cuatro: la negra como figura que dura un pulso, la blanca como la que dura dos y las corcheas representando la subdivisión.

· Realizar pequeñas lecturas rítmicas utilizando estos valores. Ejecutarlas con percusión corporal y/o instrumental.

· Escritura melódica: cantar la escala de Do Mayor{C}[4]{C}. Cantarla y acompañar el canto con quironimia.

· Realizar ecos melódicos utilizando los tres primeros sonidos de la escala. Utilizar también quironimia al cantarlos.

· Presentar el pentagrama como “el renglón en donde escriben los músicos” y la clave de sol, que nos indicará la ubicación de las notas.

· Ubicar en el pentagrama los tres primeros sonidos de la escala trabajada: Do, re mi. Cantarlos. Realizar ecos melódicos propuestos por el maestro o los alumnos utilizándolos con diferentes ritmos y dinámicas.

· Aplicación en una canción: cantar “Ya lloviendo está” Acompañar palmeando pulso, acento y ritmo.

· Determinar cada cuántos pulsos se escucha el acento.

· Volver a cantarla: un grupo palmea el pulso, otro el acento y otro la subdivisión.

· Observar la partitura: ubicar en ella las figuras que representan los valores trabajados.

· Volver a cantar reemplazando el texto por el nombre de las notas. Acompañar con quironimia.

 

Bibliografía

FREGA, A. L. (1997): Metodología comparada de la Educación Musical. Centro de Investigación Educativa Musical (CIEM), Buenos Aires.

FREGA, A. L. (1998): Música para maestros. Ed. Graó, Barcelona.

Garmendia, E.; Varela, M. (1981): Educación audioperceptiva. Bases intuitivas en el proceso de formación musical.  Ricordi, Buenos Aires.

Williams, A. : (1981): Teoría de la Música. La Quena, Buenos Aires.


[1] Cabe aclarar que la lectura musical atraviesa diferentes niveles de complejidad que no se pretenden alcanzar en la escuela. Sino simplemente iniciar a los niños en la notación simbólica de sencillas melodías y ritmos.

[2] Frega, A.L: “Música para maestros”, página 34.

[3] Previamente los alumnos deberán haber tenido suficientes experiencias de movimiento, canto y percusión que les permitan forman los conceptos de pulso, apoyo o acento, subdivisión.

[4] A modo de introducción puede cantarse alguna canción de la escala o con nombre de notas que abundan en el repertorio escolar infantil.

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María Fernanda García Thieme es Profesora Nacional de Música, con especialidad en Piano. Licenciada en enseñanza de la música. Docente en Nivel Inicial y Primario. Magister en Didáctica de la Música.