AUDACIA Y PELIGRO: LA NOVELA DE AVENTURAS

Encuadre teórico y propuestas con actividades en torno a algunas novelas cortas, que podrían encuadrarse en el denominado relato de aventuras.

Por Marcela Testadiferro

“Sabemos que el héroe de aventuras nunca está quieto: nada lo define mejor que su capacidad de llegar tan lejos como sea posible. Hay que atravesar mares, desiertos, campos de batalla. Y en esta empresa el catalejo permite ver al enemigo que se acerca, o la meta que hay que alcanzar: una ciudad, una montaña, una isla.”

Pablo de Santis

 

Relatos de aventura

 

Aunque en el siglo XX, los textos novelísticos incorporaron profusamente el concepto de personajes construidos psicológicamente, a partir de la novela de educación o formación, no podemos desentendernos de toda una tradición anterior, cuyo eje no estaba puesto en el protagonista, sino en el espacio. El tiempo era una variable menos importante. El espacio se remonta a la épica clásica, donde el “periplo” de los héroes y las diferentes pruebas que deben atravesar son la esencia de la narración.

 

Aquí nos proponemos revisar algunas novelas cortas, que podrían encuadrarse en el denominado relato de aventuras. Cierto es que en ese espectro hay clásicos estupendos y autores memorables. No menos cierto que para los lectores de nuestra época, es preferible ver en el cine las peripecias y darle a la literatura esa oportunidad de introspección que presentan las novelas focalizadas en el personaje y no en los hechos.

 

Un encuadre teórico

 

Para pensar estas novelas de aventuras, quiero remontarme a los estudios de Mijaíl Bajtín, quien ha estudiado la novela de educación y, dentro de su análisis, realizó una tipología histórica del género.

 

Según el teórico ruso, existirían cuatro tipos de novelas: la novela del vagabundeo, la novela de pruebas, la novela biográfica y la novela de educación. Entre las dos primeras podemos ubicar el objeto de nuestro artículo, para lo cual recordaremos aquí algunas de sus características.

 

La novela del vagabundeo presenta a un protagonista que se va moviendo en el espacio. No es importante su psicología sino ese movimiento que le permite al autor mostrar la heterogeneidad espacial y social del mundo. Este concepto se vincula con el “naturalismo/realismo” de la antigüedad, que muestra al mundo como la coexistencia espacial de diferencias y contrastes; por ende, la vida es una alternancia de situaciones opuestas: buena o mala fortuna, dicha o desdicha, triunfos o derrotas. La imagen del protagonista es estática, igual que la del mundo que lo rodea.

 

La novela de pruebas presenta al protagonista una serie de desafíos que deberá atravesar: pruebas de valentía, de virtud, de fidelidad, etcétera.  El mundo que rodea al héroe es un campo de batalla. Y el héroe es un ser sin transformaciones: desde el principio sabemos sus cualidades, que se van confirmando a lo largo de la novela. El argumento comienza cuando se produce un desvío del curso normal de una vida y termina cuando esa existencia vuelve al carril de la regularidad. La noción del tiempo no es realista, no hay parámetros históricos ni biográficos. Pero hay una suerte de tiempo psicológico, que se vincula con los efectos que el peligro produce en la sensibilidad del héroe, sin afectar su proceso vital. No hay interacción real entre el protagonista y el mundo: éste último no produce transformaciones en el personaje, solo lo interpela a través de pruebas.

 

Analizaremos, a continuación, tres novelas de autores clásicos, recomendadas para los estudiantes de los últimos años.

 

La aventura de las almas perdidas

 

Entre las novelas que explotan los aspectos de la aventura, existe un clásico insoslayable. El diablo de la botella, del escocés Robert Louis Stevenson, nos presenta un periplo que se vincula con la batalla más trascendental entre el Bien y el Mal: los que merecen el paraíso y los condenados al infierno.

 

La novela provee un doble movimiento espacial: el del personaje principal, Keawe, primer comprador del objeto perversamente mágico, y el del objeto mismo, la botella que va pasando de mano hasta retornar al protagonista.

 

La botella, en cuyo interior habita el demonio, proporciona a su poseedor todo aquello que anhele (aunque no pocas veces la obtención del deseo acarree alguna desgracia) a cambio de su alma. Pero a diferencia de otras versiones sobre este tradicional pacto con el diablo, hay un antídoto para deshacerse de la condena perpetua: vender la botella perdiendo dinero, es decir, despojarse de ella por un valor inferior al que uno ha pagado por adquirirla. Y he ahí un principio paradojal, que bien puede ser uno de los aspectos que tanto han fascinado a Borges de Stevenson, porque llegará un momento en que su precio se reducirá hasta llegar a ser invendible. Si en la matemática, la división es infinita, no lo es para el mundo de los hombres que se manejan con monedas de valores predeterminados.

 

La novela alerta sobre el peligro de la ambición y sobre las peripecias que el azar teje para bien y para mal sobre los personajes, aunque pongan su voluntad entera en función de resolver las dificultades.

 

Actividades sugeridas

 

 

  • Los alumnos calcularán:
  • ¿Cuántas veces puede venderse la botella, si siempre es vendida a la mitad de lo adquirido, tomando como precio inicial 60, para llegar hasta un número con dos decimales?
  • ¿Y para llegar a menos de 1 peso?
  • En la novela, nos enteramos de los deseos concedidos por el demonio al personaje principal y a su posterior dueño, pero pasa por muchas manos hasta volver al protagonista. Los alumnos narrarán la historia de alguno de los compradores, especificando cómo obtuvo la botella y qué pidió.

 

 

El agua de la cueva

 

El célebre novelista inglés Thomas Hardy, cuya obra se encuadra dentro del naturalismo, considerado un realismo más cabal, ha escrito una única novela infanto-juvenil que se encuadra en lo que denominamos novela de aventuras.

 

En Nuestras hazañas en la cueva, el narrador, Leonard, visita a su primo Steve durante el verano y se ve arrastrado a situaciones donde se expone la imposibilidad humana de luchar contra la Naturaleza.

 

Steve es un muchacho osado, y su sed de aventura apela a la curiosidad de su pariente, menor que él, para penetrar en unas cuevas cercanas a su pueblo. Los muchachos logran adentrarse más allá de donde los lugareños lo hayan hecho alguna vez y de ese modo llegan a un curso de agua, que deciden desviar para proseguir la exploración. Lo que parece ser una variación simple en el submundo cavernario, afecta el nacimiento del río que pasa por la comarca, y de ese modo, el agua desaparece para los habitantes de West Poley. No obstante, la Naturaleza manipulada busca un nuevo camino y crea una corriente en un poblado cercano, East Poley.

 

Sabiendo que tienen el secreto para empobrecer o enriquecer una zona con la bendición del agua, los muchachos se adentran en un atolladero que pone sus vidas en riesgo. Como en todo relato de aventuras, la agudeza del pensamiento desafiado y el azar provechoso serán herramientas para ir desentrañando las dificultades.

 

Si pensamos en la tipología de la novela que hemos descripto al comienzo, esta historia encajaría mejor en una novela de pruebas, más que de vagabundeo, puesto que si bien hay un periplo del pueblo a la caverna, y de West Poley a East Poley, los personajes nunca se alejan demasiado. Alguien podría argumentar que las entrañas de la cueva representan en sí mismas una lejanía que no se mide en metros, y no es menos cierto. Pero las acciones de los personajes se ven atizadas por los distintos desafíos que deben afrontar: los primeros por elección y los siguientes por necesidad.

 

Un personaje secundario que se destaca en la novela es el Hombre que Fracasó, en quien podemos intuir las ideas de Thomas Hardy. Este individuo, cuyo nombre denota sus desgracias, es el más sabio del pueblo. “No ha fracasado por falta de sentido, sino por falta de ingenio”, sentencia la madre de Steve. De él se puede tomar el ejemplo porque fue vencido por su entorno. La Naturaleza es una amiga poderosa del hombre, quien debe buscar la forma de conquistarla, sin querer jamás ser su dueño. Este hombre no pudo, pero sí otros. Para triunfar en la aventura de la vida, hay que calcular, hay que planear, hay que inventar soluciones nuevas para problemas viejos o diferentes. Hay que ser osado en el pensamiento y esto implica peligros que no todos están dispuestos a correr.

 

Actividades sugeridas

 

 

  • En la novela, Steve y Leonard calculan que el agua dejará de fluir en el lugar de East Poley donde harán su “magia” 45 minutos después de que su aliado desvíe el nacimiento del río. Los alumnos deberán calcular a cuántos kilómetros se encuentran los muchachos de esa fuente de origen, teniendo en cuenta que la velocidad del agua es de 2 m por segundo.
  • Los alumnos averiguarán si existen cavernas en nuestro país. ¿Dónde se encuentran? ¿Pueden visitarse? ¿Cuáles son las diferencias entre estalactitas y estalagmitas?
  • Los alumnos investigarán la noticia de los niños atrapados en una cueva de Tailandia, ocurrida en junio de 2018 y luego observarán las similitudes y diferencias con lo que ocurre en la novela. (Para investigar la noticia pueden consultar el siguiente enlace: https://www.clarin.com/mundo/rescate-chicos-atrapados-cueva-tailandia-podria-demorar-varios-meses_0_H1S3hw_fX.html.)

 

 

Piratas en la Patagonia

 

Si hablamos de aventuras, no podemos ignorar a Julio Verne, quizá el más importante exponente del género, además de ser un precursor de la ciencia ficción.

 

Entre sus memorables novelas, parece necesario transitar, o hacer conocer a nuestros alumnos, aquella que imaginó en las latitudes más australes del planeta, El faro del fin del mundo.

En ella, el escenario es absolutamente exótico; se trata de un espacio frío y despoblado: una isla argentina, que supuestamente sólo habitarán tres fareros, turnándose cada 90 días. La desolación implícita en la labor de esos hombres, unida a la crudeza climática, convierten ese lugar en un paraje remoto donde la civilización parece ser apenas un recuerdo.

 

La novela proyecta la eterna lucha entre el Bien y el Mal, pues los torreros son atacados por un grupo de saqueadores que vive al otro lado de la isla y que ven la construcción del faro como un impedimento para sus propósitos. Si la civilización ha querido llegar hasta allí, los malhechores se encargarán de convertir nuevamente ese espacio en un terreno hostil, reñido con la posibilidad del progreso.

 

Actividades sugeridas

                                                                                                 

 

  • Los alumnos investigarán sobre los faros que existen en la costa argentina. ¿Cuántos son? ¿Están todos en funcionamiento?  ¿Cuántos se encuentran abandonados? ¿A cuáles es posible ascender como visitante?
  • Kongre y Carcante lideran el grupo de villanos de esta historia. ¿En qué se parecen y en qué se diferencian de los piratas “clásicos”? Los alumnos harán un cuadro comparativo.

 

 

Bibliografía

 

BAJTÍN, Mijaíl (1990): “La novela de educación y su importancia en la historia del realismo”, en Estética de la creación verbal. Siglo XXI, México.

HARDY, Thomas (1994): Nuestras hazañas en la cueva. Grupo Editorial Norma, Bogotá.

STEVENSON, Robert Louis (2000): El diablo de la botella. Grupo Editorial Norma, Bogotá.

VERNE, Julio (2005): El faro del fin del mundo. Cántaro, Buenos Aires.

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Marcela Testadiferro es Profesora y Licenciada en Letras. Autora de diversos trabajos críticos en el ámbito de la literatura y de material didáctico para la enseñanza del español como lengua extranjera.