ROL DE LA BIBLIOTECA ESCOLAR EN UN PLAN INSTITUCIONAL DE LECTURA

La biblioteca como eje central del plan institucional de lectura. ¿Cómo hacer para promocionar la biblioteca?

Por Silvia Lizzi

La biblioteca escolar es un espacio estructurado por diversos recursos para el aprendizaje dentro de la escuela y es el lugar donde ocurren procesos de enseñanza/aprendizaje, interacciones culturales y sociales.

 

Esta definición tiene un carácter general, pero lo cierto es que no todas las bibliotecas funcionan igual ni prestan los mismos servicios. Hay bibliotecas que están muy bien organizadas pero en ellas se desarrollan escasas actividades; otras carecen de bibliotecario y de organización y por esta razón permanecen inactivas; algunas son muy pequeñas y el material aparece almacenado y sin clasificar; en algunas instituciones no se promueve una participación real en el uso y crecimiento de la biblioteca…

 

Podríamos seguir enumerando cuestiones pero lo importante es centrarse en cómo diseñar e implementar estrategias para que la biblioteca se convierta en eje de actividades enmarcadas dentro de un plan institucional de lectura.

 

“Un proyecto orientado (a la promoción de la lectura) permite que la biblioteca se integre a la dinámica de la escuela, convirtiéndose en un lugar estimulante y acogedor, en el que la lectura en diferentes soportes, la escritura y la investigación se constituyan en actividades agradables e interactivas en un espacio para redescubrir el placer de aprender.”[1]

 

Así concebido, un proyecto se orienta hacia la consolidación de la biblioteca escolar como “…vehículo para la democratización de los bienes culturales (…), y la igualdad de oportunidades en el acceso a la información y al conocimiento.”[2]

 

La relevancia de la lectura es indiscutible y un plan para fomentarla y fortalecerla aspira a que a través de ella se facilite la adquisición de competencias fundamentales, como buscar y analizar información, sintetizar conceptos, enriquecer el vocabulario, apreciar expresiones artísticas, perfeccionar el uso de la lengua, etc.

 

La promoción de la lectura exige un sinfín de estrategias, secuencias de actividades y situaciones didácticas tendientes a lograr que los alumnos exploren diversos soportes y tipos textuales diversificando sus prácticas lectoras. Y tan enorme tarea supone el trabajo comprometido de la bibliotecaria, los docentes y las familias.

 

Si se estimula el uso de la biblioteca a través de diversas propuestas se propicia el hábito lector y de esa forma se difunden aspectos culturales, generando un impacto positivo también en la adquisición de actitudes reflexivas y críticas.

 

En un plan institucional se formaliza una propuesta en la que aparecen plasmadas la orientación pedagógica, las áreas de interés para esa comunidad educativa en particular, la organización interna que presenta, la forma en la que se distribuye el tiempo escolar y el compromiso que asumen todos los actores: docentes, alumnos, directivos, familias.

 

Cuando se planea un Proyecto o Plan de lectura se deben considerar varios aspectos, entre ellos:

 

  • ¿Quiénes van a participar?
  • ¿Quiénes serán los destinatarios?
  • ¿Cuáles son los objetivos del plan?
  • ¿Cuáles son las metas?
  • ¿Qué medios y recursos son necesarios?
  • ¿Cuál es el corpus de lecturas que define la propuesta?
  • ¿Cómo se va a socializar dicha propuesta?
  • ¿Cómo llevar adelante una evaluación permanente y colaborativa de la propuesta de lectura?

 

Como se puede apreciar, son numerosas las cuestiones a planificar, y éstas aumentan cuando hacemos foco en la biblioteca.

 

Como primera medida hay que atender a la biblioteca como espacio físico y responder los siguientes interrogantes:

 

  • ¿Es amplia, confortable?
  • ¿El mismo espacio cumple otras funciones, como almacenar mapas, láminas, elementos de geometría, tizas, etc.?
  • ¿Tiene buena luz?
  • ¿Presenta temperatura adecuada?
  • ¿Hay ventilación?
  • ¿Es de fácil acceso?
  •  Luego se debe considerar el material y su pertinencia:
  • ¿La biblioteca está bien nutrida? ¿La bibliografía es de calidad?
  • ¿Existe una renovación del material bibliográfico? ¿Éste se actualiza constantemente?
  • ¿El material está bien organizado?

 

Estos aspectos son imprescindibles en el momento de sostener la biblioteca como el eje del plan de lectura, ya que si por ejemplo, se diseñan sesiones de lectura con uno o varios grados y luego el espacio es insuficiente o incómodo, fracasa la actividad; idéntico resultado se obtiene si la bibliografía resulta insuficiente o está desactualizada.

 

Dinamización de la biblioteca

 

Para convertir en dinámico este espacio se deben proponer actividades orientadas a conseguir su promoción y a exhibir la utilidad que presta.

 

¿Cómo hacemos para promocionar la biblioteca?

Pues dando a conocer sus materiales, sus servicios, sus horarios, ofreciéndola como un espacio en el que se pueden desarrollar actividades interesantes para los usuarios como dramatizaciones, sesiones de lectura y narración de textos literarios, charlas- debate, cafés literarios, exposiciones, etc.

Es fundamental suscitar el interés de los alumnos, despertar su curiosidad.

 

¿Y para exhibir o resaltar su utilidad?

Mostrando a los usuarios cómo buscar, encontrar y seleccionar información o aquellos recursos que necesiten y que propicien su desarrollo intelectual, social y creativo.

La biblioteca no puede ser un espacio donde sólo se imponen reglas, como “No hablar”. Hay que educar y guiar en su funcionamiento para que puedan desarrollarse en ella actividades sociales que propicien el goce estético, la interacción de personas, el flujo constante de ideas y opiniones.

Además, es pertinente llevar adelante acciones que alienten la autonomía lectora de cualquier tipo de material y para lograr ese fin es necesario informar acerca de los recursos con los que cuenta la biblioteca, enseñar cómo están clasificados, organizados, cómo acceder a ellos, cómo cuidarlos, etc.

 

Horario extensivo-intensivo

En ciertas instituciones la biblioteca funciona en horarios muy acotados, a veces en un solo turno y, en ocasiones, superpuestos a los horarios del recreo. Y es de público conocimiento que los alumnos no quieren “perderse el recreo”, que es para divertirse en contraposición a la biblioteca, “a la que sólo se visita para buscar información”.

Para encontrar una salida a este problema se pueden proponer horarios más flexibles e, incluso, sugerir que la biblioteca sea también un espacio de esparcimiento, “algo con aires de recreo”, en el que se puedan ejecutar algunos juegos (crucigramas, sopas de letras, tuti-fruti, ¿quién dijo?, etc.), en el que se pueda leer por placer, mirar libros, cómics, revistas de divulgación científica, efectuar comentarios con otros y disfrutar del ocio.

 

Talleres

El espacio de la biblioteca puede ser acondicionado para que se desarrollen en él diversos talleres en los que se sume a la presentación del imprescindible material bibliográfico, la posibilidad de participar en ellos.

Entre otras posibilidades se puede ofrecer: dramatización, narración oral, improvisación, títeres, teatro de sombras, kamishibai, etc.

 

La tecnología en la biblioteca

 

Los tiempos actuales exigen que la biblioteca, como espacio educativo, y los docentes y bibliotecarios, como agentes de la educación, se actualicen en el manejo e implementación de herramientas tecnológicas.

Instruir a los alumnos en el uso de dichas herramientas también es una actividad educativa que se puede desarrollar en el ámbito de la biblioteca.

Dentro del material que se ofrece no pueden faltar los nuevos formatos de libros electrónicos (e-books), los audio- libros, los videos y toda clase de información adecuada al nivel en soporte digital.

Además, al interactuar con la tecnología, se puede estimular la creación -por parte de los alumnos- de producciones digitales, proponiéndoles la redacción de blogs, e-books, podcasts, etc.

 

Labor conjunta

 

Que la biblioteca escolar cumpla diversos roles en forma eficiente en el marco de un plan de lectura depende de la labor conjunta de todos los actores.

La bibliotecaria o docente responsable de la biblioteca debe trabajar en forma colaborativa con el equipo directivo en la planificación del proyecto, analizando las necesidades de la comunidad educativa. Debe coordinar o ayudar en la programación de las actividades de lectura y organizar los recursos con los que cuenta y/o informar acerca de qué otros materiales es necesario incorporar. Además, debe instruir en el funcionamiento de la biblioteca para facilitar su utilización por parte de los usuarios: docentes, alumnos y familias.

Su labor debe estar en sintonía con la de toda la comunidad educativa involucrada en el plan, por eso señalábamos el hecho de que ésta debe ser una tarea conjunta.

Los directivos y docentes de grado, por su parte, deben diseñar y poner en marcha los talleres, actividades de lectura y/o investigación, los juegos, etc., que compongan el plan de lectura institucional. Asimismo deben propiciar la promoción, la circulación y la puesta en uso del material de la biblioteca.

Todas las estrategias de promoción de lectura y escritura aplicadas por los docentes dentro del plan deben perseguir la motivación de los alumnos y lograr que ésta se sostenga en el tiempo, generando desafíos, diversión, interés.

Es de suma importancia no sólo que los chicos accedan a diversos textos, sino que fortalezcan sus lazos aquéllos que ya disfrutan de los placeres que otorga la lectura.

 

Extensión cultural

 

Un plan de estas características debe extender sus alcances más allá de las puertas de la escuela, sumando a las familias y a la comunidad.

Esto es posible si se involucra a los miembros de dicha comunidad como voluntarios en diversas funciones; si se conecta la biblioteca con otras bibliotecas escolares o barriales; si se ponen en marcha actividades en las que se interactúe con museos, asociaciones comunitarias, parques, etc.; si se ejecutan acciones complementarias de carácter extracurricular como exposiciones, muestras, conciertos, etc.

 

A modo de cierre

 

La biblioteca escolar puede transformarse en un espacio que ofrece una multiplicidad de recursos para el aprendizaje y también en un lugar en el que se propicie y desarrolle la creatividad, la imaginación y el disfrute.



[1] Biale, S. y Neubert, J. (2005): La biblioteca escolar en la gestión educativa. Biblioteca digital, UCA.

[2] Álvarez, Gazpio y Lescano (2010): Abriendo tesoros. Bibliotecas escolares, Gobierno de Córdoba.