LA LITERATURA POLICIAL DE JACQUELINE BALCELLS Y ANA MARÍA GÜIRALDES

Una propuesta de trabajo basada en la narrativa policial producida por dos referentes de la literatura chilena.

Por Marcela Testadiferro

Poco sabemos de la literatura infantil chilena, si dejamos de lado a Gabriela Mistral, la poeta ganadora del Premio Nobel. Un sondeo simple nos permite encontrar la obra en equipo de dos escritoras contemporáneas que han explorado profusamente el misterio y la resolución de enigmas. Casos policiales o modestos secretos de la cotidianeidad son los trabajados por las autoras.

 

En nuestra literatura, tenemos el emblemático caso de Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares, que como fruto natural de su amistad y su pasión por el género policial, escribieron en 1942 Seis problemas para Don Isidro Parodi, bajo el pseudónimo de Honorio Bustos Domecq, y luego algunos otros con el mismo autor ficticio. Pero esa sociedad literaria estaba muy alejada de la literatura infantil; la recuerdo porque revela que el género es quizá el más apto para el trabajo en equipo, como podemos ver en las infinitas ficciones de esa índole que consumimos en el universo audiovisual.

 

Con dos inicios marcadamente diversos en el campo de la escritura para niños, Jacqueline Balcells y Ana María Güiraldes encontraron en su «sociedad literaria» una matriz de trabajo altamente eficaz.

 

Balcells fue una lectora voraz de pequeña, ímpetu que derivó naturalmente en el deseo de escribir. Pero se enfocó en el área infantil cuando se convirtió en madre y quiso transmitir a sus hijas ciertos valores a través de cuentos. Durante unos pocos años que vivió en París, tuvo la oportunidad de publicar por primera vez, con un éxito inesperado. Al volver a su Chile natal, se vinculó con Güiraldes y comenzaron la escritura en colaboración.

 

Güiraldes hizo otro recorrido que también nació con el amor a la lectura. Fue profesora de Castellano, comenzó a publicar cuentos infantiles en diarios y revistas en la década del 70, colaboró en un suplemento dedicado a los niños del diario “El Mercurio” y fue guionista de un programa de televisión dirigido al mismo público. Pero también publicó libros para adultos. Mientras se desempeñaba como editora de una revista para preescolares, en la década del ochenta, conoció a Balcells.

 

Y aunque ninguna de las dos abandonó su carrera individual, en equipo produjeron muchas obras, entre las que se destacan las del género policial, aunque anteriormente incursionaron en la ciencia ficción, con la colaboración de Alberto Balcells, suegro de Jacqueline.

 

A ellas nos referiremos en este artículo, tomando algunos de los textos más conocidos de las autoras.

 

Puedes ser detective

 

Uno de los primeros libros que abordaron juntas fue Trece casos misteriosos. La propuesta es original. Cada uno de los relatos que componen el volumen plantea una situación, que no siempre se trata de un delito, en la cual hay que descubrir al responsable de una acción indigna o criminal. El cuento nos ofrece las pistas para que seamos nosotros mismos quienes arribemos a la solución. Y no se trata de pistas obvias. Debemos, a diferencia de nuestra habitual actitud lectora pasiva, concentrarnos plenamente en cada línea, para ser capaces de resolver el misterio, sin acudir a la solución, que las autoras nos brindan escritas al revés en las últimas páginas, para dificultar cualquier tentación de hacer trampa.

 

Considero que se trata de una forma «harto interesante», como dirían ellas, de abordar el género. Siempre se nos presenta, en el policial clásico, al detective como un ser extremadamente observador, que puede armar el rompecabezas de indicios formulando la hipótesis correcta, gracias a cualidades que el resto de los mortales parecen no tener. Aquí, las autoras estimulan a los niños, y también a los docentes, a agudizar la atención, y el resultado es realmente maravilloso, porque los lectores que lo logran se sienten verdaderamente como héroes racionales.

 

Asimismo, después de cada relato hay un crucigrama, para seguir desarrollando nuestra lógica, con la particularidad de que muchas de las palabras a descubrir se relacionan con el texto anterior, con lo cual la presión por leer atentamente se vuelve doble, si queremos poder resolver ambos desafíos.

 

De los casos presentados, como dije, hay una variedad de situaciones: desde una travesura escolar hasta el robo de una joya.

 

Comentaremos algunos pocos. En El caso del secuestro de un arquero, se plantea la típica rivalidad entre equipos que se enfrentan en un partido decisivo. Una de las figuras, el arquero de los Venados, en quien están puestas las esperanzas del triunfo, desaparece y comienzan a llegar una serie de anónimos. A pesar de que se trata de un delito grave, los jovencitos prefieren resolverlo sin ayuda de la policía, en correspondencia con lo que se propone para los lectores. Aquí la resolución del caso se vincula con las faltas de ortografía. Esto es, quien no pueda reconocer tales errores jamás encontrará la solución.  Algo realmente útil si queremos conjugar literatura y normativa.

 

En El caso del gato perdido, obviamente no se da intervención a la ley. También son chicos, del barrio, los que se proponen dilucidar el paradero de Tutankamón, el gato de la señora Doralisa. Y hacen una investigación simple, emulando explícitamente la técnica de Hércules Poirot, el famoso detective de Agatha Christie. Se trata de entrevistar e interrogar a los vecinos. La solución surgirá de esa acción conjugada con la observación de una imagen, como en muchos otros de los casos.

En síntesis, el libro estimula la atención desde diferentes perspectivas, es decir, no se limita a repetir una fórmula, lo cual permite al lector ejercitar su memoria, tener en cuenta los detalles y aplicar todos los conocimientos de su enciclopedia personal, esa que cada uno va agigantando con el paso del tiempo: la competencia cultural.

 

Las autoras han creado también una saga de libros cuya protagonista es Emilia Cazazul, una muchacha santiaguina atrevida y entusiasta que descubrirá varios misterios.  La saga tiene la virtud de desarrollar a este personaje femenino en un período particular de su vida en el cual está convirtiéndose en adulta, enamorándose por primera vez y desarrollando su capacidad deductiva para resolver crímenes de toda índole.

 

La colección tiene cinco entregas en el siguiente orden de aparición: Emilia. Intriga en Quintay, Emilia y la dama negra, Emilia. Cuatro enigmas de verano, Emilia y la aguja envenenada y Emilia en Chiloé. En cada una de ellas encontraremos los rasgos de una mujer inteligente, de una valentía inusitada, con gran capacidad para crear lazos afectivos y sociales. Hija única de una familia de clase media acomodada, protegida por sus padres como un tesoro, busca darle a su vida un ritmo de aventura que se complementa con sus estudios en los cuales siempre destaca.

 

Señalaré algunos rasgos de dos de los libros. El primero, cuya acción nos ubica en una pequeña localidad costera, cercana a Valparaíso, es el punto de inicio de la joven investigadora. Aún no ha terminado sus estudios secundarios y se propone pasar unos días de descanso en Quintay. En el viaje conoce a Diego, un amigo y socio en sus pesquisas, quien más adelante se convertirá en su novio (o pololo, como dicen en el país hermano).

 

En el pequeño poblado se han encontrado reliquias arqueológicas, pero al mismo tiempo circulan rumores sobre un fantasma, que alimentan los pescadores del lugar. Con intrepidez, Emilia y su nuevo amigo Diego, que ha llegado al lugar por ser estudiante de Arqueología, se adentran en peligrosos parajes naturales para desentrañar el misterio que atemoriza a los lugareños.

 

En el cuarto libro de la saga, Emilia ya está en la universidad estudiando Derecho mientras Diego estudia en París. Esta entrega es más compleja en la trama y en la escritura. Hay muchos personajes (tanto que tenemos un listado al comienzo para no perdernos) y casi la totalidad del libro se encuadra en el género epistolar: leemos las cartas que la muchacha le escribe a su novio contándole ciertas muertes lamentables ocurridas en su ámbito académico y sus investigaciones personales al respecto. Mediante una correspondencia asidua (vía correo electrónico), vamos armando la situación que Emilia se propone esclarecer e induciendo las respuestas de su amor.

 

En este libro, como en otros anteriores, Emilia colabora con el inspector Santelices, siendo ella quien aporta las pruebas decisivas para el descubrimiento del culpable. En este caso, como siempre, la propia vida de la protagonista se pone en riesgo en el trascurso de sus indagaciones. De esta manera, las autoras mezclan las dos tradiciones policiales en novelas para adolescentes y preadolescentes: mezclan la capacidad deductiva con la acción y el peligro.

 

En todos los casos, se trata de textos atractivos, que invitan a la lectura ávida, pero evidentemente, a medida que la saga avanza, el estilo de las escritoras se consolida al igual que las características del personaje, que es feminista sin tener que decirlo. Emilia es una mujer del siglo XX. Interesante ver cómo en la literatura los personajes femeninos han venido mostrando sus derechos, desde hace muchas décadas, y en muchas latitudes, sin necesidad de explicitarlo.

 

Actividades

NARRATIVA POLICIAL

 

 

  • La lectura de estos libros policiales puede ser una excelente excusa para que los docentes revisen o presenten a sus alumnos, a partir de los 10 años, las características del policial clásico (inglés) y el policial negro (o contemporáneo). Nos hemos referido a ambos en otros artículos.
  • Por otro lado, al tratarse de textos escritos en un país vecino, tenemos la oportunidad de conocer aspectos de esa cultura a través y a partir de la lectura.
  • En primer lugar, se puede explorar el significado de ciertos vocablos propios de Chile: harto (como adverbio), manjar, pololo, chascón, carabineros, guagua, etc.
  • Además, los alumnos pueden investigar sobre las regiones chilenas más importantes, sus recursos naturales, su forma de gobierno, etc.
  • Finalmente, inspirados en Trece casos misteriosos, los alumnos pueden crear su propia situación de enigma y presentársela a sus compañeros para que hagan la resolución. Aquí los docentes evaluarán si se han presentado las pistas necesarias.

 

 

Bibliografía

 

BALCELLS, Jacqueline; GÜIRALDES, Ana María (2001): Emilia. Intriga en Quintay. Editorial Andrés Bello, Santiago de Chile.

BALCELLS, Jacqueline; GÜIRALDES, Ana María (2001): Trece casos misteriosos. Editorial Andrés Bello, Santiago de Chile.

BALCELLS, Jacqueline; GÜIRALDES, Ana María (2002): Emilia y la aguja envenenada. Editorial Andrés Bello, Santiago de Chile.