¿CÓMO INTRODUCIR EXPERIENCIAS DE ARTE EN EL MATERNAL?

Es tarea del Jardín Maternal ampliar el horizonte cultural de los niños, posibilitando el contacto sostenido, variado y criteriosamente seleccionado con producciones estéticas.

Por Adriana Bolo

El arte abre múltiples posibilidades de encuentro y posibilita interesantes formas de comunicación. Crear espacios para esas experiencias, como espacios de participación para el niño, donde deposite sus ideas, su curiosidad y su habilidad como una acción lúdica, implica que el docente debe pensar en un escenario promotor para que ello ocurra. “Cada ambiente se configura como un paisaje, bajo una estética, unos materiales y unas acciones que los diferencian unos de otros” (Javier Abad).

 

La naturaleza ofrece colores, matices, texturas, luz, sombra, brillo, que son observables. El bebé y los niños pequeños, necesitan de un adulto que los vincule a ella, que les permita vivenciar con sus sentidos todo lo que la naturaleza ofrece, para conocerla y reconocerla luego en los objetos, elementos y materiales, abriendo así la posibilidad de resignificarlos en sus propias producciones.

 

El docente debe promover la observación e interacción con el entorno natural, apreciando los elementos que en él se encuentran. También el espacio áulico debe pensarse como paisaje y escenario estético donde los niños puedan sentir y experimentar nuevas sensaciones.

 

Es tarea del Jardín Maternal ampliar el horizonte cultural de los niños, posibilitando el contacto sostenido, variado y criteriosamente seleccionado con producciones estéticas de distintos lenguajes artísticos.

 

¿Cómo serían esos contactos desde bebé?

 

Cuando un niño escucha un cuento percibe la sonoridad de las palabras; cuando observa una imagen desde su cuna, percibe formas, color, movimiento; cuando realiza acciones motivadas por estímulos visuales, sonoros o táctiles está manifestando, expresando con su cuerpo un sentimiento, una forma particular de comunicar y de intervenir. Es importante poder observar dichas acciones y comprender cuando el niño pequeño manifiesta una necesidad o está realizando un acto creativo, desplegando sus emociones.

 

No es necesario ver plasmada en una hoja una pintura, un grabado, un modelado, para considerarlo arte. No esperamos “niños artistas”, la idea es proponer situaciones placenteras en las que puedan expresarse participando activamente, generando vínculos con situaciones y personas (pares y adultos), compartiendo el goce del hacer, del comunicar con sus propias formas, formas personales aún en producciones grupales. En otras palabras: no es importante el resultado final sino el proceso, que tiene valor como acontecimiento sensible, como aquello que pone en juego el sujeto cuando interviene y transforma lo que se le presenta a través del arte y sus múltiples lenguajes.

Mirar y pensar la propuesta desde esta perspectiva permitirá erradicar ciertas prácticas reduccionistas como las plantillas de dibujos para colorear, los sellados inducidos con la mano del adulto, las formas estereotipadas que se les presentan a los niños como portadoras absolutas de belleza, de estética, cuando en realidad están bastante alejadas de una experiencia creativa, de una forma de comunicación y expresión sensible, de una manifestación artística.

 

¿Cómo serían las propuestas en el Jardín Maternal?

 

En cuanto a la Educación Visual:

 

Los niños del Jardín Maternal están en una etapa en que los sentidos cobran el valor del conocimiento. Es a través de ellos, que tienen la posibilidad de sentir, descubrir, explorar, conocer. Esta exploración debe ser libre, atender y responder a su espontaneidad e iniciativa. Oportunidades en espacios flexibles para hacer, volver a probar, deshacer y recomenzar, crear, imaginar, asombrarse.

Es primordial pensar en los espacios que presentaremos. El espacio incluye el “lugar físico”, los objetos y la relación que se configura entre ellos. Pensar en un espacio estético, educativo, no significa que el docente haga producciones para “decorar” la sala y el Jardín.

 

Para pensar en el espacio como una totalidad, tampoco basta con acopiar elementos y herramientas en un sector (masa para modelar, pintura, crayones, brochas, etc.). Es más que eso. Un espacio estético, movilizador, debe promover escenarios que inviten a “meterse” en él, a participar de una experiencia en la que cada niño quiera y pueda transformar eso que se le presenta.

 

El bebé comienza a vincularse con la naturaleza, con los colores, con el movimiento, con los matices, mirando, gesticulando, señalando, como respuesta ante lo que ve. Además del entorno natural observable, en la sala pueden disponerse objetos, como móviles (construidos con elementos de la naturaleza u otros), imágenes planas fijas para ser observadas, cubos con imágenes en las distintas caras, esculturas, estructuras. Todo debe estar a su altura para ser observado desde su posición o para ser manipulado si ya puede asirlo, desplazarse para hacerlo, o se lo aproxima el adulto. Estos elementos deben ser factibles de ser utilizados por los bebés, posibilitando así la transformación de la propuesta inicial en una expresión artística y estética.

 

Es necesario pensar la forma de presentar situaciones que pongan al niño en contacto con el color, las formas y las texturas, con materiales que permitan su intervención directa (manipulados y utilizados por el niño de diversas maneras y en reiteradas oportunidades). Solo así los conocerá y permitirá futuras elecciones autónomas de acuerdo con su intencionalidad creativa.

 

Los soportes para las producciones plásticas no deben condicionarlo; forma, tamaño y resistencia deben garantizarle libertad para su expresión.

 

Las formas pueden conectarlo con las dimensiones, entonces, se deben utilizar formas bi y tridimensionales. Pintar, pegar o grabar sobre cartones planos, en cajas utilizando todas sus caras, con rollos de papel (“madera” o misionero para mayor resistencia) colgados sobre la pared, dispuestos en todo el piso o forrando una mesa. Si se trabaja sobre las dimensiones no es necesario agregar otro elemento como color o textura, dado que la atención estará puesta justamente en el espacio.

 

El color permite diversidad de criterios para decidir trabajar con él. Todo es importante: sus tonos, matices, la creación a partir de mezclas, las sensaciones que producen al verlos (posteriormente la selección que haga el niño será una posibilidad de expresión y comunicación en sus producciones).

 

Los herramientas a utilizar (objeto que media entre la mano del niño y su producción) se incorporarán preferentemente en la sala de dos años, dado que el niño ya tiene más desarrollo de su motricidad fina y coordinación viso-motora.

 

En las primeras salas del Jardín Maternal, la exploración directa a través de la manipulación es la mejor opción, por ejemplo masa, arena, barro, arcilla, es decir, superficies blandas que permita grabar y modelar. Pueden construirse mesas con bordes bajos, cajones o bandejas sobre las cuales el niño podrá trabajar cómodamente. Además, estos materiales blandos le permitirán experimentar movimientos y observar las huellas que éstos dejan, hacer y deshacer sin frustraciones.

 

Los materiales estimulan el tacto a través del cual el niño puede diferenciar texturas, las cualidades de los objetos, e irá ajustando su intervención de acuerdo con su intención. Cada niño/a debe tener cantidad y lugar suficiente para gozar plenamente de la actividad. Algunos usarán sus dedos, otros sellarán sus dos manos o hundirán objetos pequeños que tengan a su alcance.

 

Más adelante, en la sala de dos años, el control progresivo de sus grafismos y la posibilidad de sostener y explorar una herramienta, los fascinará.

 

Las luces y sombras son muy atractivas para los niños pequeños. Es necesario que vivencien ambas. Se pueden construir mesas de luz (blanca y negra), usar linternas, provocar sombras desde la ventana de la sala, proyectar colores pegando formas de celofán sobre el vidrio. Más tarde, ya en el Jardín de Infantes, se dará un enfoque más físico.

 

La creación de instalaciones de objetos significativos para los niños de cada sala del Jardín Maternal, organizada como presentación de color, de movimiento o de texturas es una buena oportunidad de despliegue desde temprana edad. También pueden presentarse para trabajar movimientos. Se adecuan las posiciones de los objetos, el tamaño y el peso, a las características de los niños. Pueden armarse en altura (con los objetos colgados) o dispuestos sobre el piso. El niño debe poder acceder a ellos, mover las cintas que cuelgan mezclando sus colores, mover los CD o espejos (irrompibles, especiales para niños pequeños y fáciles de construir con el papel laminado) para observar y producir reflejos, jugar con las luces y las sombras. La combinación de objetos da lugar a la creación de escenarios, desde donde luego puede surgir un juego.

 

Hay un sin fin de propuestas para armar como presentación e invitación a una manifestación artística y lúdica. Tan infinitas como la imaginación misma.

 

Las producciones de los niños deben formar parte de la vida cotidiana en el jardín. Deben poder observarlas en sus paredes, en paneles, desterrando por completo estereotipadas imágenes decorativas.

 

Las manifestaciones artísticas de los niños deben ocupar un lugar tan importante como el del artista que utilizamos para promover una experiencia estética.

 

Dejemos a los niños experimentar el color, las formas, las texturas, los espacios, las dimensiones, la luz, las sombras. Si esto no ocurre no estamos educando para la creatividad, la libertad, la comunicación y participación del niño/a dentro de un espacio que le pertenece.