¿CÓMO CONTRIBUIR AL USO RESPONSABLE DE LAS REDES SOCIALES?

¿Qué rol debe cumplir la escuela a la hora de proteger a niñas y niños frente a los peligros y consecuencias que puedan desprenderse de sus acciones?

Por María del Carmen Correale

El uso de las redes sociales, se ha convertido en una actividad compartida por niñas, niños y jóvenes. Las redes son espacios de socialización que tienen cada vez más importancia en sus vidas cotidianas. Sin embargo, muchos actúan en ellas sin tener en cuenta las posibles consecuencias que puede tener compartir datos de la privacidad, así como realizar comentarios sobre lo posteado por otros.

 

El uso de redes no es ni bueno ni malo per se. En el centro de la discusión de los especialistas está en el uso que se hace de ellas. Si, como afirman, es un espacio de socialización que en la mayor parte de los casos no es supervisada por los adultos, urge educar a los chicos en para que estén atentos a la forma en que hacen uso de ellas, dado que se han convertido en una herramienta de comunicación que utilizan gran parte del tiempo: a través de las mismas mandan archivos, fotografías, mensajes de textos y de voz, entre otros. Aunque este intercambio es constructivo y sirve como apoyatura para el proceso educativo -lo experimentamos en la etapa de cuarentena- también puede utilizarse de manera no responsable enviando fotos inadecuadas, compartiendo información sobre otras personas sin su consentimiento, emitiendo amenazas, insultos o acosando a otros de diferentes modos…

 

Sería absurdo pretender que la juventud excluya de sus vidas las “nuevas tecnologías”. Ciertamente, en muchos casos, su uso resulta imprescindible. Si lo hacen de forma segura y responsable pueden beneficiarse de sus múltiples ventajas. Pero, para ello, resulta indispensable que educadores y padres estén preparados para detectar y anticipar un uso inadecuado.

 

En muchos casos,niñas, niños y jóvenes no son conscientes de la peligrosidad de sus acciones, de allí que la escuela no pueda mantenerse al margen porque, en la mayoría de los casos, estas acciones se realizan entre compañeros de escuela y, aunque se lleven a cabo fuera del horario escolar, las instituciones se ven involucradas.

 

Ahora bien, la necesidad de educar a los chicos en esta cuestión, también incluye también a los adultos-padres: el uso responsable tiene, entonces, dos caras. En un documento publicado en el año 2013 por la Dirección de Psicología Comunitaria y Pedagogía Social de la Subsecretaría de Educación de la Ciudad de Buenos Aires-de acuerdo a una encuesta elaborada por el “Programa Escuelasy Medios”- el 85% de los jóvenes encuestados afirma que son ellos los que más saben de Internet en sus casas. Este porcentaje se amplía en los sectores de menor nivel socioeconómico.

 

Estos números dan cuenta de la baja incidencia que tienen las dos instituciones principales de socialización, la familia y la escuela, para formar a los niños, niñas y adolescentes en la inserción del mundo digital. Entre los grupos socioeconómicos de menor nivel, los jóvenes son mayoritariamente portadores de un saber tecnológico superior al de sus padres, lo que refuerza la brecha generacional y cultural. Hablamos de brecha generacional para dar cuenta de este fenómeno de distancia que se establece entre adultos y jóvenes a partir del vínculo “casi natural” que desarrollan estos con las nuevas tecnologías. Así se invierten las formas tradicionales de transmisión cultural, siendo las generaciones más jóvenes las que quedan a cargo de la transmisión del saber legítimo fuertemente anclado en las nuevas tecnologías.

La falta de interés de un gran número de referentes adultos acerca de las experiencias de niños, niñas y adolescentes en el ciberespacio habilita prácticas donde no media la palabra del adulto para ayudarlos a reflexionar sobre los usos de estas tecnologías y dimensionar su lugar en las redes sociales. Como consecuencia de esto, los jóvenes experimentan la sensación de tener mayor libertad en los espacios virtuales porque escapan del control de los adultos”.[1]

 

Es por todo lo anteriormente mencionado que algunos especialistas[2] advierten sobre las previsiones que deben tener estos últimos. Tal vez las más importantes sean:

 

Respetar la edad mínima para tener cuentas y perfiles en las redes sociales ya que la inmadurez psicológica y emocional puede aumentar los riesgos;

Mantener una comunicación permanente entre padres e hijos que permita a los primeros conocer qué hacen los chicos y las chicas en las redes, qué publican y qué información comparten;

Cuidar de no publicar información privada o íntima ni responder correos cuando se desconoce quién lo envía;

Cuidar el modo en que se escribe o lo que se dice. El “supuesto anonimato” no es tal y

Tener en cuenta que lo que se publica no se borra, por lo tanto, no publicar ni imágenes ni información sobre terceras personas sin su consentimiento

 

En definitiva, el uso responsable incluye también a los adultos-padres, quienes no deben perder de vista que lo que publiquen sus hijos (o ellos acerca de sus hijos), será información disponible para cualquier persona sin límite de tiempo...

 

¿Vivir en dos mundos paralelos?

 

De acuerdo a los especialistas en la interacción de los/las menores con las nuevas tecnologías se han distorsionado los conceptos representados por ciertos vocablos. En definitiva, que el significado que tienen algunas palabras en el mundo real, no es el mismo que el que adquieren en el ciberespacio.

 

“Conceptos como amigo/a, foro o intimidad se han transformado colocando a el/la menor en una situación de vulnerabilidad y en muchos casos de peligro no intencionado...Relativizar lo íntimo en la red (datos personales, información personal, fotografías) y compartirlo con 500 personas consideradas “amigos”, son acciones potencialmente peligrosas y que merecen un trabajo de sensibilización dirigida a el/la menor y sus referentes educativos. Por lo tanto, la aclaración, interiorización y correcta conversión de estos conceptos debe ser la base de la sensibilización en este terreno”.[3]

 

Sin embargo, estas no son las únicas cuestiones que tenemos que tener en cuenta cuando se hace referencia al uso de las redes: un “me gusta” o un “like” en el mundo real, pareciera tener un peso menor que en el mundo virtual. Es por eso que se sugiere trabajar esta cuestión, que hace a la formación de las subjetividades de niños/niñas y adolescentes y pone en juego sus sentimientos de autoestima, con las consiguientes consecuencias psicológicas y emocionales.

 

ACTIVIDADES: ¿QUÉ ESTÁS DISPUESTO A HACER POR UN “LIKE”?

 

  • Para que l@schic@s reflexionen acerca de cómo puede influir en “los otros” algunas de las actitudes que se ponen en juego en las redes sociales, se sugiere que los docentespregunten a los/las estudiantes qué sentido tiene para ellos recibir o dar un like en las redes sociales;
  • Observen con ellos el siguiente video:https://www.youtube.com/watch?v=Iw1TaPifnDI
  • Favorezcan el intercambio de opiniones acerca de si los/las estudiantes se sienten identificados con la protagonista del video, fundamentando sus opiniones;
  • Lean junto a sus estudiantes el siguiente fragmento de un artículo publicado por el diario El Mundo de España y pregunten si sus reacciones frente a la recepción de likes es la misma que se plantea en el artículo:

 

“LA DICTADURA DEL LIKE: ¿QUÉ PROBLEMAS CREA A LOS ADOLESCENTES?

Los jóvenes están cada vez más preocupados por la imagen que proyectan en redes sociales, por lo que estudian cada publicación para lograr el mayor número de me gusta y se pueden convertir en verdaderos adictos al like.

 (…) El like se ha convertido en un medidor de popularidad entre los adolescentes y, en muchos casos, se considera como un requisito fundamental para determinar la aceptación en un grupo. Más aún, muchos jóvenes dan los preciados me gusta a los demás no ya como una forma de valoración, sino como parte de un inevitable trueque. Es decir, el like implica recibir otro like de vuelta. De hecho, según datos de Omnicore, cada día se dan 4.200 millones de likes en Instagram, y se suben 95 millones de fotos y vídeos. Esto puede implicar que los adolescentes ya no disfruten tanto de su día a día, sino que, más que vivir divertirse, se dedican a buscar situaciones y entornos sociales en los que poder hacer una foto que permita conseguir más y más likes. Ya no son algo espontáneo para dejar un recuerdo de buen momento o experiencia, sino que se estudian al milímetro para conseguir ese gesto de reconocimiento digital tan deseado. (…)[4]

 

  • Analicen con el grupo por qué es importante evitar la “dictadura del like” a la que hace referencia el artículo. Relacionen sus respuestas con las consecuencias que puede tener en quienes no lo consiguen;
  • Contribuyan a la reflexión sobre la responsabilidad que tienen quienes hacen uso de las redes sociales y al impacto que pueden tener en los demás las actitudes que manifiestan;
  • Generen un clima de confianza que permita a las chicas y chicos comentar otras situaciones que se desarrollan a través del contacto en las redes, que pueden lastimar a terceros;
  • Organicen la elaboración de videos por grupos pequeños, que puedan utilizarse como una campaña de concientización acerca del uso responsable de las redes sociales.

[1]Redes Sociales y modos de utilización. Documento de trabajo 4/2013, págs. 11/12. Disponible en http://www.abc.gov.ar/psicologia/sites/default/files/documentos/documento_de_trabajo_ndeg_4_-_redes_sociales_y_modos_de_utilizacion.pdf.

[3]  Guía pedagógica para trabajar la educación en las nuevas tecnologías: uso responsable, preventivo y educativo(2015), pág. 29  Disponible en https://www.euskadi.eus/contenidos/informacion/egonline_unitatedidaktikoak/es_def/adjuntos/egonline_cast.pdf. Consultado el 7/6/2020

[4]Diario El Mundo, 26/6/2018. Disponible en https://www.elmundo.es/promociones/native/2018/06/26/